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Con Ruben Urrutia, un maestro del carnaval

Otro humor en la escuela

Otro humor en la escuela
Fecha: 11/02/2010
Autor: INMAYORES

La Escuelita del Crimen intentó educar con empeño al Niño Calatrava, quien crispó la paciencia de la portentosa Maestra. Protagonizados respectivamente por Jaime (1919-1985) y Ruben Urrutia (n. 1921), tío y sobrino que por su poca diferencia de edad, son recordados como "los hermanos Urrutia", habiendo dejado en la emoción de generaciones la huella de imágenes memorables.

Se trata de uno de los conjuntos fundacionales de la categoría Humoristas del carnaval montevideano. Aunque empezaron a actuar mucho antes del surgimiento de la misma. La Maestra salió desde 1939 hasta 2005. Y el Niño Calatrava, creación del libretista Jorge Scheck, desde 1974 hasta 1985, año en que falleció Jaime Urrutia. Se presentaron por última vez en el 2005. Habían cumplido sesenta y seis años de carnaval.

El grupo humano, que llegó a ser de veinte integrantes, hizo fuera del reinado de Momo, espectáculos teatrales de muñecos. Y los Urrutia, junto a otro actor, hicieron también animación de fiestas infantiles.

Ruben Urrutia nació en Capurro. Como correspondiera a un muchacho del barrio, es hincha del Club Atlético Fénix -donde jugó al fútbol-, fue en su niñez al tablado en la esquina de Francisco Gómez y Coraceros, y trabajó desde los trece años en la industria textil. Señas que le valieron el:  -"Callate capurriento" de la hermana de una novia, recuerda mientras se ríe.

Hoy trabaja con su sobrino Víctor Urrutia (n. 1974) en la elaboración artesanal de muñecos, tanto como en la producción del espectáculo que devolverá a la Escuelita del Crimen a las tablas. Informó Víctor que se plantean hacer un popurrí de los mejores momentos de la Escuela y que el escollo, hasta ahora, es la financiación de la puesta en escena.

Cuando Ruben empieza a rumiar una idea se pone serio y es cuando Víctor sabe que pasarán los próximos meses elaborando la cabecita de un muñeco. Ruben subrayó la satisfacción que le genera el trabajo, "por eso te digo: haciendo con gusto se pueden hacer muchas cosas".

Desde 1939 en carnaval

Los carnavales de antes no eran más populares: eran populares, indica Ruben. "Porque si usted quiere salir ahora en carnaval no puede". En la esquina de Francisco Gómez y Coraceros estaba el tablado Chanta Cuatro: "Un tablado bien de barrio, venía toda gente conocida, no había ningún problema". Allí, un grupo de muchachos, formaron en 1939 La Escuelita del Crimen. Tomaron su nombre de una película que estaba en cartel (Crime School, 1938), con protagónico de "Humphrey Bogart y los botijas esos de Callejón sin salida", recordó Ruben.

"Yo no me explico cómo sucedieron las cosas, porque, lo que es la vida. Eran como las once de la noche y no había venido ni un conjunto. (...) Y le digo a los muchachos, -Bo´, qué les perece si nos disfrazamo´ y venimo´ y empezamo´ a hacer guarangadas acá, para entretener un poca a la gente".

Armaron en casa de los Urrutia un libreto de quince minutos, "empezamos y estuvimos una hora y pico arriba del tablado. Porque como conocíamos a las personas, les decíamos cosas que hacían reír no sólo a él, sino a todos".

"Después unos muchachos que salían en la escuela me dijeron: -sabés quién trabaja con nosotros en las barracas, [Eduardo, Tornillo] Gamero. Había sacado Las cuarenta y no había hecho más nada, -si querés lo traemo´ y lo conversamos para que nos haga alguna letra". "Sacábamos una guitarra, el bufa-bufa [una cuica que habían hecho y tocaba Jaime] y un tamboril". Gamero hizo la canción "Al compás del bufa-bufa" a mediados de la década de 1940. "Bueno, ahora, las canciones que había hecho Gamero estaba fenómeno, pero era un murguista, un murguista nato".

"Nos gustaba y lo hacíamos, nunca habíamos hecho nada. Tanto es así que yo había ido a la escuela de los curas [Maturana] y la escuela de los curas hacía un coro para fin de año y las fiestas, y a mí me dejaron de lástima (risas). Porque me vieron la cara de satisfacción del gusto de poder salir, que dijeron dejá, dejalo".

Señas particulares

"En el colegio suponete, yo estuve hasta los trece años, a los trece años entré en lo de Campomar y Soulas, que estaba ahí en [la calle] Zufriategui". Luego de esta textil, Ruben pasa a trabajar en UTE durante treinta y cinco años, además de haber aprendido antes el oficio de herrero con un amigo. "Entonces a los cuarenta y dos de trabajo y cincuenta y pico de edad, me jubilé".

En UTE se desempeñó diez años como peón de fundición, pero no le gustaba nada. Pasó luego al taller de reparación de máquinas de oficina. "Se da -lo que es la vida- que tuve que ir a hablar con un señor que arreglaba las máquinas de escribir, y allá fui a hablar con el hombre que estaba trabajando y desarmando la máquina, trabajaba, y hablaba conmigo. Pero me gustó ese oficio, cuando vi la máquina desarmada y eso, me gustó tanto que le dije al capataz, le digo, digamé no precisan un operario acá, dice, sí como no, le digo, si usted me pide, yo vengo en seguida. Y usted sabe que me pidió y pude ir".

Aprender el funcionamiento de las máquinas "me ayudó un poco a hacer muñecos, porque yo de escultura no sabía nada. Un día vino Jaime, (...) y me dice: -mirá lo que hice. Nunca habíamos hecho nada, muñecos ni nada. Y sacó un muñeco: -y pa´ qué hiciste eso. -Para un tipo que me lo pidió para ventrílocuo. Al rato así, ya me entró algo en la cabeza (porque a mí se me mete algo en la cabeza y hasta que no lo hago no paro) le digo: -decime una cosa, ¿vos te animás a hacer un muñeco más o menos así y yo le hago los mecanismos? Te hago mover los ojos, la boca. Dice: -sí, cómo no. Y ahí empezamos". Cada tecla dentro del muñeco acciona de forma sencilla un movimiento, la boca, las cejas o los ojos.

Con los muñecos hicieron una murga integrada por los políticos de la década del 1960. Asombrado, recuerda Ruben que los políticos se les iban muriendo ni bien le hacían el muñeco. "La que no se me moría nunca fue la Roballo".

La guadaña y los muñecos

En 1967 "empezamos a trabajar en Telecataplum, me hice muy amigo de Jorge y Daniel Scheck. Y un día Daniel me dice: -¿no se animan a hacer a Gestido? Le digo sí, lo hacemos, pero le voy a decir una cosa. Nosotro´ hacemo´ el muñeco y al otro día se muere. -Jajaja, se reía. Pero ¡cómo! -Yo le digo que se muere. Y si quiere que hagamos una apuesta, hacemos una apuesta". Cuando lo tuvieron pronto "me dijeron, traelo el jueves que vamos a grabar. Cuando me levanto el jueves de mañana para ir a trabajar me encuentro con uno en la esquina y me dice:
-¿viste quién murió? Le digo: -no, quién murió. -Gestido (risas). [Pensé] éste sabía que teníamos el muñeco, nos vendría a embromar. Voy a la usina, igual... ¡Ah! Me quería morir. Y le llevé el muñeco, lo llevamos. Se quería morir, estaba pálido, usted sabe que se lo había tomado en serio. Fenómeno, porque... en la forma en que se lo tomó. No me pidió nunca más que hiciera un muñeco (risas)".

Dentro de los que lograron salvarse, dice Ruben, está Horacio Guaraní, quien también tuvo su muñeco. El día que Rosas Riolfo lo invitó a Ruben a mostrarle el muñeco a Guaraní, éste dijo:
"-¡Uy! ¡Soy yo muerto! Y vos sabés que no lo quiso mirar, se fue".

Cosas chiquitas que se van juntando

Alfredo Moreno, el creador del teatro de Malvín, "me dijo un vez: -ese chiste no lo hagas. No lo hagas. No es porque sea relajado, porque ustedes no necesitan decir eso. Tenga en cuenta, que lo que están haciendo es una escuela. (...) Y a mí se me metió como un cuchillo pa´ dentro. Tanto es así que con los letristas tengo problemas. A veces un relajito entra, cuando está bien. Pero hay chistes que son relajados y no tienen nada".

"Son cosas que me pasaron que me gustaría que las supiera la gente, cuando terminamos de actuar vino una señora con dos o tres muchachas jóvenes que serían las hijas o algo así, que me decía muchas gracias, muchas gracias, (...) hoy me voy contenta de haberme reído y no tener que arrepentirme".

"Yo me puedo pasar una noche contándote, la gente, cómo me hacía cambiar", dice Ruben recordando los comentarios que le hacía el público. Él ha resignificado su afecto por la Escuelita a partir del recuerdo que de ella tiene la gente: "porque yo digo, mirá vos, yo no la quería tanto a la Escuela, entendés, yo me di cuenta cuando dejamos de salir lo que es la Escuela".

Como ordenaba la Policía, debían pasar por Jefatura los que salían vestidos de mujer. La Maestra, por tanto, iba regularmente por allí. "Hubo un año que el gobierno prohibió que salieran los maricas. Entonces [la noche del desfile] Pirulo1 fue dos cuadras por la vereda gritándome: 
-¡Urrutia!, ¡Urrutia!, el año que viene te descalifican a vos también (risas)".

"Los muñecos siempre los probé con los chiquilines, yo vivía en una cuadra que vivían ochenta botijas y vivían rondando mi casa para que yo saliera. Y a ahí me daba cuenta si valía el muñeco o no valía. Porque ahí agarraba el muñequito (...) y hablaba con la voz mía nomás, y le decía:
-¡Qué hacés bo, caradura!, ¿por qué no te lavás la cara? Mirá ese pescuezo ¡qué muuugre que tieeene! Y ya empezaban a tomar bronca y agarraban una varita o cualquier cosa y ¡le daban al muñeco viste! Y te reías nada más de ver que se las tomaba con el muñeco como si fuera el muñeco el que le hablaba. Bueno, son cosas chiquititas que te digo, pero se van juntando".

La Escuelita tomó entre otros elementos para sus humoradas las noticias políticas. "Una vez habían tirado los expedientes de la Caja de Jubilaciones al mar, y habían tirado no sé cuántos. Y me acuerdo que Jaime estaba pescando en el mar, el Niño Calatrava estaba pescando y sacaba una cantidad de expedientes. Y en los tablados preguntábamos siempre al bolichero: -digamé, acá hay alguien que no labure, que sea medio... -Sí, tenemo' a uno que lleva quiniela acá, flor de atorrante, Juan Pérez. Entonces le pasábamos el dato a Jaime. Entonces sacaba el expediente [y decía]: -¿Juan Pérez? Pero si nunca laburó este! (risas). Y así empezábamos, se hacía el libreto con eso".

Envejecer riendo

Ruben Urrutia, continuó desarrollando su vocación por el humor y el teatro, con tanto o más empeño luego de jubilarse. Personificó a la Maestra y divirtió por cuanto escenario pasaron. Fascinaron a niñas y niños de varias generaciones, y se escucharon las carcajadas de los adultos junto a ellos. Sabe cómo elaborar motivos para la risa porque es uno de sus oficios. Y cómo convivir con ella por ser su actitud, envejeciendo en un magisterio del regocijo.

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1 Carlos Pirulo Albín, fue un reconocido bailarín y coreógrafo de candombe. Desde 1949 desfiló junto a Martha Gularte.

 

 

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