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Entrevista a Niré Collazo

Voces, cuentos y generaciones

Voces, cuentos y generaciones
Fecha: 04/11/2009
Autor: Área de las Personas Adultas Mayores

En el Teatro Solís se realizan mensualmente encuentros de narración oral que logran integrar generaciones distintas. Son los terceros sábados del mes a las 11:00 hs, con entrada libre en la Sala de Conferencias y Eventos del Teatro. La empresa de transporte Cutcsa puso a disposición un ómnibus para el traslado de personas desde los barrios Casabó y Cerro hasta el Solís. Personas de todas las edades se juntan a escuchar relatos contados por narradores orales. Niré Collazo, narradora oral y Experta en Literatura Infantil y Juvenil, es quien lleva adelante esta propuesta. Asimismo, dirige la escuela de narración oral "Caszacuento" -que también funciona en el Teatro Solís- donde realiza un curso de formación de narradores orales.

-¿Qué es la narración oral?
-Bueno, yo creo que narración oral se le llama ahora, en esta época, y en este momento histórico, y desde hace un tiempo y quizás se le llame un poco más. Pero si vamos a la historia, estaban los juglares, los trovadores, o sea, fueron tomando diferentes nombres las personas que contaban historias. Podían ser del pueblo o no, personas que eran encargadas de transmitir las noticias de la sociedad. Y qué pasa, siempre las transmitían de una manera especial para atender su público. Y en un momento determinado empezamos a llamarles narradores orales y es lo mismo. Contamos historias que pueden ser literarias o no, que pueden ser de tradición oral o pueden ser inventadas. Yo siempre digo, contamos historias porque tienen que ver con toda la oralidad, desde las leyendas, los mitos, las fábulas, los cuentos. Si pensamos en la infancia o en los adultos mayores, abuelos y abuelas que les cuentan a sus nietos, en general cuando empiezan la comunicación a través de la palabra lo hacen a través de la las nanas, las canciones de cuna. Entonces siempre estuvo presente, desde que el hombre existe, la historia. Bueno, ahora le llaman narradores orales.

-¿A qué le atribuís el surgimiento de este movimiento de narradores orales en estos tiempos?
-Sí, es medio loco diría yo. En esta época de la tecnología, hay una gran necesidad del
ser humano de conectarnos con nuestra esencia. Y cuando nosotros nos comunicamos con nuestra esencia suceden cosas, empezando por el bienestar personal, que luego se multiplican. Si yo estoy bien, los que me quieren van a estar bien y así sucesivamente. Entonces yo creo que hay una gran necesidad de escucharnos todos y de contar historias y de escuchar al otro y que te escuchen. Yo trabajé con niños que ya andan con los celulares en sus bolsillos y hay que pedirles que por favor apaguen sus celulares antes de empezar la narración. Con ocho, nueve, diez años, no importa la edad, ellos no se quieren ir, quieren seguir escuchando historias. Hay una necesidad de conectarse con la esencia, y yo creo que la historia, el cuento narrado es lo que te lo permite. Después que una persona escuchó cuentos, estuvo en una contada, yo creo que ya no es la misma. Y además pasa algo también, nosotros nos encontramos y nos escuchamos, en una velada de cuentos, en un festival, nos vemos al año, y tú no sabes, es como si nos conociéramos de toda la vida.

-Surgen dos artes que están muy emparentadas uno la literatura, y otro el teatro. ¿Cómo es ese parentesco?
-Yo soy muy literaria, y creo que hay muchos autores buenos. Qué significa eso, que soy gran lectora, que cuento cuentos de otros autores. ¿Cómo hacemos para contar cuentos de otros autores? ¿Hay que estudiarlos de memoria? No. Y por eso en el taller hay todo un trabajo que se realiza para llegar a narrar ese cuento que escribió Aparaín o Morosoli o Galeano o Benedetti, sin dejar de ser fiel al autor, sin ser infiel a los derechos de autor, y sin cambiar la historia. Pero cuento cuentos míos también, e increíblemente tienen éxito, a la gente le gustan. Cuento lo cotidiano, lo anecdótico de mi infancia que fue muy especial, pero bella, entonces a la gente le gusta.

-Te basás en el texto. ¿Hay palabras, frases, que las tenés que construir diferente?
-Sí, sí, el tema es internalizar y apropiarse de la historia, entonces cuando tú te apropias de la historia, obviamente encontrás muchas veces que no sabés si la historia era del autor o es tuya, porque ya la tenés tan pegada a la piel que decís: pero caramba! Bueno y cada vez se disfruta más y cada vez se transmite mejor, si tú disfrutas el otro disfruta el doble.

-¿Qué lugar queda para la improvisación?
-Sí, también es un poco lo que a la gente le cuesta mucho entender. Yo por ejemplo improviso mucho. Me encanta. Inclusive he contado cuentos que nunca más los conté porque no me acuerdo. O sea los hice en el momento, los elaboré en el momento. Me gusta mucho jugar con el público, con los adultos sobre todo, y cambio los roles. Cuando por ejemplo en un cuento el rey es un niño, y el niño lo hace un adulto mayor, entonces como que me gusta cambiar los roles para que la gente también juegue. Y me gusta el cuento interactivo, sobre todo al final.

-¿Cómo fue que surgió el trabajo con los vecinos de Cerro y Casabó?
-Ellos empezaron a ir al Cabildo como grupo de la zona cuatro, de abuelos y niños. Para el Día del Abuelo y para alguna propuesta que convocamos sólo adultos también vienen. Tenemos una abuela por ejemplo que no ha faltado un sólo sábado en tres años. Me acuerdo cómo surgió. Hace unos años, en un accidente, mataron a un chofer de Cutcsa en Casabó, y Cutcsa decide empezar a trabajar desde lo social. Mostrarle al resto de la gente que el barrio no es tan malo como parece. Para eso hay que salir afuera porque la gente no quería entrar a Cerro y Casabó, ni siquiera los mismos ómnibus querían entrar. Entonces con esa propuesta social -con Cutcsa ya veníamos trabajando, me conocían, y ahí ensamblamos- dijimos: qué pasa si traemos a los chicos y a la gente y los sacamos de allá, que conozcan otras cosas. Esa fue un poco mi aspiración. En la ciudad suceden también otras cosas que ellos merecen conocer, que también son de ellos, que tienen derecho a usarlo, que tienen derecho a un día estar acá trabajando. Porqué siempre allá. Esa es la propuesta mía, que la gente de los barrios deprimidos, o de contexto crítico, como quieran llamarle, la gente grande, la gente chica, conozca lo que tenemos en Montevideo, lo que tenemos en Uruguay. Y sepa que hay otras posibilidades a las que ellos también tienen derecho, a las que pueden acceder. Y una de las posibilidades es ésta, de venir al Solís, o de ir al Castillito del Parque Rodó, o de ir al Prado, o a la Playa La Mulata, donde contamos cuentos en verano.

-¿Cómo estuvo el del Día del Abuelo en el Solís? ¿Cómo funciona ese encuentro entre abuelos y nietos?
-Ah Buenísimo! Se vive la emoción de compartir una instancia que es muy mágica. Que quizás en su casa no lo puedan hacer. Porque el abuelo le dice, vení que te voy a contar una historia y el nene le dice, estoy con la computadora, estoy con la tele, o estoy con la pelota. Pero acá se crea como un microclima en el que ya vienen con el corazón sabiendo que van a escuchar una historia. Entonces después es todo mucho más fácil. Contar una historia para gente que sabe que viene a escuchar historias, y que le gusta, es maravilloso. Y la instancia del Día de los Abuelos es increíble, siempre tratamos de traer un plus de regalo, un día trajimos un coro de adultos mayores, y este año trajimos un guitarrista. Tratamos de hacerlo de una manera especial. Ellos se suman, se adhieren y disfrutan.

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