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Marzo: mes de las mujeres

Para verse en otro espejo

Elena Fonseca en su programa de radio entrevistando a un invitado
Fecha: 24/03/2014
Autor: INMAYORES

Elena Fonseca nació en Montevideo en 1930. Trabaja en la organización Cotidiano Mujer desde hace 27 años. Conduce de lunes a viernes un programa radial con enfoque feminista. INMAYORES conversó con ella sobre vejez y feminismo como punto de partida. En el mes de las mujeres, un tema de todos los días.

 

-¿Cómo fue el inicio de tu militancia por los derechos de las mujeres?

El inicio de mi militancia feminista, porque a los derechos de las mujeres nosotras le ponemos nombre: feminismo, empezó en 1985 cuando se fundó Cotidiano Mujer. Después de la dictadura nos juntamos un grupo de mujeres de distinto lugares, había algunas que salieron de la cárcel, como Lilián Celiberti, otras que venían del exterior. Había una italiana, Ana María Colucci, que estaba en Uruguay y que venía con toda la onda del feminismo italiano, de las mujeres de Milán. Nosotras aquí en particular, con dictadura de por medio, vivíamos aisladas de todo el movimiento que se estaba dando en Europa y aún en América Latina, que ya había mujeres en la región andina que estaban militando.

Ahora ¿cómo empecé a pensar yo en eso? Fue mucho antes de militar, porque empezó cuando yo tenía 25 años y leí a Simone de Beauvoir. Realmente fue una revelación. Dije: pero esto no lo estoy leyendo, ¡lo escribí yo! Subrayaba y subrayaba. Ese fue un vuelco muy importante. En ese momento estaba en Europa por motivos de familia, por lo que la militancia vino después.

-Justamente, queríamos preguntarte por tus mentoras...

En mi caso fue claramente Simone de Beauvoir, que también tiene un libro sobre la vejez [La vejez, 1970]. Más bien considerando el aspecto formal de la vejez en Francia y se pregunta hasta qué punto la situación de las viejas y los viejos era encarada por el Estado francés en esa época. Cosa que también sería importante enfocarla acá. En el sentido de acceso a cuidados, a posibilidades económicas, a viviendas. Pero vos me preguntabas por mis mentoras.

-Y por el lado de uruguayas, ¿algunas personalidades anteriores?

Nosotras tenemos la publicación Cotidiano Mujer, desde 1985 hasta hoy. Ha cambiado la frecuencia pero la publicación continúa. En el principio, cuando salía una vez por mes, yo escribía una sección recuperando a las mujeres uruguayas que se habían destacado en la defensa de los derechos de las mujeres. María Abella, Paulina Luisi, las anarquistas que habían venido a Uruguay como Juana Buela, etc. etc. Había que visibilizarlas, se hablaba apenas de ellas y algunas eran totalmente desconocidas. Porque otra herencia que tenemos es que la visibilidad de las mujeres se fue haciendo muy de a poco.

Todo se originó con las historiadoras francesas feministas que empezaron a encontrar maravillas, perlas, cosas que no se podía creer que no se hubieran vuelto a editar. El libro La ciudad de las damas [1405] de Christine de Pisan por ejemplo, una mujer del siglo XV que había escrito sobre sus derechos, en Francia, estaba perdido y una historiadora lo encontró en una biblioteca y fue reeditado. Poco a poco fueron escarbando en la historia. Siempre hubo mujeres destacadas, desde Grecia y Roma, en todas las épocas, pero eran seres aislados. Personas que por equis motivo tenían una capacidad para salir de su medio y destacarse. No era lo que la sociedad les proponía. La corriente del feminismo empezó con Olympe de Gouges en la Revolución Francesa. A ella la guillotinaron por haber escrito en defensa de los derechos de la mujer, haciendo el paralelo con la Declaración de los Derechos del Hombre y el Ciudadano. Decía que “en la Revolución Francesa las mujeres tenían el derecho a subir al cadalso pero no a subir a una tribuna”. Ella redactó, en 1791 al principio de la revolución, la Declaración de los Derechos de la Mujer y la Ciudadana y por eso, no por otra cosa, fue condenada a la guillotina. Por haberse salido de los roles asignados a las mujeres. En plena época de Robespierre. Paralelamente en Inglaterra hubo otra mujer, Mary Wollstonecraft, que escribió la Vindicación de los derechos de la mujer. A ella no la mataron, porque en esa época en Inglaterra no mataban, pero murió muy joven, de parto.

Entonces, si querés, hace 200 años empezó algo más colectivo. Después de la Revolución Francesa hubo una larga siesta, vino Napoleón que fue lo más misógino del mundo y nosotros heredamos sus ideas en los códigos y constituciones. Pasó un siglo hasta que apareció Simone de Beauvoir. Puntualmente en 1949 publicó El segundo sexo y después vino todo un movimiento. Eso fue lo que convirtió al feminismo en movimiento, y no ya en mujeres solas destacadas. ¿Por dónde querés que siga?

-Nos gustaría que nos comentes cuáles son tus actividades actuales en el movimiento feminista.

Sigo en Cotidiano Mujer. Pronto cumpliremos 30 años de existencia y nuestras apuestas siguen siendo las mismas. Han variado, por suerte, algunas cosas. Algunos temas se han solucionado. Hemos conseguido grandes éxitos como la Ley de Interrupción Voluntaria del Embarazo. Uruguay es el único país en América Latina, como Estado, que tiene esa posibilidad. Lo que es realmente un verdadero lujo, por más que no sea la ley que queremos, porque eso también hay que dejarlo claro. Y yendo para atrás, en todas nuestras campañas, salió la Ley de Violencia Doméstica. Otras leyes de acoso sexual, moral, Ley de Matrimonio Igualitario, etcétera. O sea, hemos estado en todas esas luchas para conseguir que mejoren los derechos de las personas. Partimos de la base de que, haciendo un análisis de género, en la historia hemos sido tratadas como diferentes e inferiores. Ahora con la ley de cuotas, la gente dice “bueno, ¿pero no son las mujeres iguales, por qué necesitan una acción positiva como la cuota?” No es verdad, porque no tenemos las mismas oportunidades. En la historia de la subordinación de las mujeres, que somos el 50 o 52% de la humanidad, hemos estado impedidas de acceder a muchos derechos, entre ellos el voto. Si hoy le decimos a una mujer que no puede votar le parecerá una aberración. Sin embargo hasta 1938 las mujeres no podían votar en Uruguay. Como si fuéramos seres inferiores, que no tuviéramos capacidad para actuar en la vida pública. O el derecho al aborto, sin ir más lejos. Desde la Iglesia Católica se decía “las mujeres no van a saber cómo manejarse en esos casos, nosotros los hombres tenemos que decidir”. Como diciendo que una mujer no es un ser autónomo e independiente y razonable. Entonces nuestro camino siguió por todos esos lados.

Yo, particularmente, en este momento -y desde hace unos 18 años- conduzco un programa de radio, Nunca en domingo, en Radio Universal, 970 AM, que se emite de lunes a viernes de 18:30 a 19:30. Es un programa feminista donde enfocamos todos los temas. Este año, que es año electoral, tenemos un espacio que lo coordina una compañera Soledad González Baica, para hacer un seguimiento de las elecciones desde una mirada feminista. No solamente se trata de la participación de las mujeres, que por supuesto es la meta directa, nosotras proponemos la paridad. Estamos haciendo una colecta de firmas para que seamos 50 y 50 y punto. Saldrá o no saldrá, pero es una apuesta a largo plazo, como todas las que hacemos. Pero en el programa hablamos todos los temas porque consideramos al feminismo un asunto de todos, no solo de mujeres. Se trata de un cambio cultural, se trata de cambiar las cabezas que todavía piensan desde el patriarcado que es eminentemente conservador en todos los sentidos del término: machista, clasista, sexista, homofóbico, belicista y etc. Yo no quiero que cambien las mujeres, que seamos divinas y nos pongan en un florero, quiero que cambie el ser humano, las sociedades. Combatimos mucho el sexismo en el lenguaje, el sexismo en la prensa; que tiene un efecto enormemente fuerte, por más que mucha gente dice “no te preocupes con esas cosas culturales que nadie se da cuenta”. No, no, para nada. Lo que sale en la prensa es como una especie de molde que te arma la cabeza y de ahí salís pensando lo que te dicen. Hace muchos años mi abuela decía “el jabón Bao lava más blanco”, porque lo dice la prensa ¡está escrito! Y de la misma forma, si salen solamente hombres en la prensa política, ¿qué podés esperar? Nosotros hemos hecho varios monitoreos sobre la presencia de las mujeres en los medios y los resultados son directamente dolorosos. Porque la aparición de mujeres es mínima y en rubros de presencia débil. Si hay una mujer senadora o diputada, no le van a preguntar por la economía o, para traer un tema actual, qué pasa con la Ley de Responsabilidad Penal de los Empleadores.

Pero no quiero quedar como que es una reivindicación eterna porque por suerte nos han pasado cosas muy buenas y creo que poco a poco estamos cambiando el mundo. Esa es la sensación que yo tengo, salgo del programa muy contenta.

-¿Pensás que produce situaciones novedosas la vejez en las mujeres?

Sí, absolutamente. Es diferente. Y como en todas las situaciones de las mujeres, llegamos de otra manera que no es la mejor. Si te fijás en los prejuicios, en las historias, en las culturas de todo el mundo: una vieja es siempre una vieja fea, sucia, desagradable, totalmente inútil, que no produce ningún interés. El hecho de envejecer es todo un tema, ojo, hay que encararlo de muchas maneras, es el final de la vida y eso no es lo más agradable que te pueda pasar. Por otro lado no tiene el carácter que tiene la infancia, o la adolescencia o la adultez, que son etapas puntuales. Ser viejo es como decir “ya no nos sirven”.

Tengo una anécdota. Me llamaron una vez por teléfono para hacer una encuesta y hablé. Dije lo que pensaba del producto y luego me preguntaron dónde vivía, qué edad tenía. Cuando dije mi edad me contestó la entrevistadora “ah perdone no nos interesa” o “no cuenta", algo así. No entraba en las estadísticas. Como no me dan un préstamo en un banco, porque probablemente me muera muy pronto. Yo tengo 83 años y no te dan más préstamos desde los 70 años creo. Entonces, vivir con ese desubique es difícil. Hay que convertirse en sujeto. Porque la sociedad no ofrece seguir siendo sujeto, tenés que elaborarte desde la nada. Y siempre que seas sana y tengas plata, porque ojo, no he hablado de las personas que no tienen un vintén, que están en la miseria, o que les duele todo. Subjetivamente tenés que defenderte de muchas cosas. Genéricos como “doña” o “abuela” son para las mujeres. Yo enfatizo mucho en la configuración de un bienestar subjetivo. ¿Qué quiere decir? Que corre por cuenta nuestra y por supuesto empezando antes de la vejez, el resistirse a los miedos, a los prejuicios, al ninguneo. Y defender a toda costa la dignidad de ser personas a tiempo completo. Tenés que haberte apoderado de tus propias decisiones. Conozco gente de mi edad que está muy contenta de que las ayuden y les solucionen todos los problemas, y claro han perdido las riendas. También hay que posicionarse desde una independencia, no desde una dependencia. A no ser que se necesite, claro.

Por otro lado, la libertad de no mirarte en el espejo de los otros y mirarte en tu propio espejo. ¡Perdé cuidado que el mio está muy clarito! Yo sé todas las arrugas que tengo. No es que no me vea, pero trato de no verme desde la mirada crítica de 90-60-90, como si fuera un personaje que tiene que ser de una manera dada. Que la vejez es diferente, ¡es verdad! Pero no hay que atarse al espejo de los otros, porque la sociedad es muy perversa y sobre todo muy utilitaria. ¿Qué pasa con las viejas? No podemos tener más hijos, no podemos hacer más plata, carecemos de seducción, por lo general somos una carga para todas las organizaciones de salud, para la familia, etcétera. Hay un cierto desprecio. Hay una sensación de que ya no servís, “vamos a cuidarte muy bien, vamos a tratar de que sobrevivas lo necesario” y ¿dónde está la dignidad?

A todo esto habría que integrar el tema de la muerte voluntaria. ¿Por qué no se tiene la posibilidad de pedir una eutanasia? Existe en algunos países. En Europa en Suiza en particular. Es un derecho.

La idea es posicionarte lo más que puedas en un lugar de persona: el ser humano que uno apuesta a ser. Tenés que irlo creando, creándote vidas. Cosas que te puedan gustar y que te sean accesibles. El miedo es una de las cosas más malsanas. Miedo a todo. Hay gente que no sale de su casa porque se cree que la inseguridad es inmediata y no sé, que te ajustician. El miedo es una multiplicación de todas las cosas descalificadoras y disminuyentes de lo que puede ser un ser humano, libre, entero, independiente. Es un trabajo, no te creas que es así de fácil.

-¿Cómo ves la participación de las mujeres viejas en la sociedad?

Hay un problema ahí. Yo trabajo con gente más joven y hay un tema de adaptación mutua y también de reconocer las carencias. Yo hago mis esfuerzos para estar la día, pero también hay que saber cuáles son los límites. Tampoco sos la mujer maravilla, la vieja maravilla. Pero también hay un aporte muy grande, de experiencias, de conocimiento de todo tipo, de opiniones sobre las cosas. Es otro enfoque. Y se puede convivir.

-Y el involucramiento de las viejas, ¿cómo ves el escenario actual?

Mirá, lo veo horrible porque veo muchas aprensiones ante cualquier situación. Sin embargo, por otro lado veo muchas mujeres solas divirtiéndose. Hay algo que es muy lindo en la vejez colectiva y es que algunas mujeres nos reímos mucho por pavadas. Tenemos una especie de propensión a lo alegre. Mucho reírse de sí mismas. Las mujeres hoy en día están mucho más liberadas en ese aspecto de poder expresar alegrías, de reírse a carcajadas.

Hay otra cosa y es que los hombres mueren antes. Hay datos. Y después también que un viudo se casa o se empareja mucho más rápido que una mujer. Hay algo en las mujeres, tal vez, con todo el tema de la sexualidad. Que es un enorme campo que tampoco hay que engrandecerlo o complicarlo como si fuera una pérdida. No. Es una transformación. Evidentemente, no tenés el deseo que tenés a los 20 años. Pero tenés otras formas de vivir la libido eróticamente, no necesariamente desde una sexualidad convencional. Hay muchas cosas que te pueden entusiasmar. Muchos deseos que existen y que los podés vivir perfectamente. Y si por casualidad te encontrás con alguien, hombre o mujer, que te guste, bárbaro. Tampoco negar la posibilidad de vivir una relación humana, sea homosexual o heterosexual, tanto da. O la masturbación. ¡Hay cosas muy placenteras en la vida! No hay por qué negar como si fuera una castración, como la sociedad propone de alguna manera. Sos vieja y ya fuiste.

-¿Vos le atribuís a esa “castración social” el hecho de que las mujeres en mayor medida no rehacen sus proyectos de pareja? Porque esos datos existen y es cierto que los hombres tienden a rehacer su pareja en la vejez y las mujeres no.

Yo soy bastante maligna y pienso que los hombres necesitan más apoyo. Hay pocos hombres independientes a esta edad. Pero esto es puro ojo, tendría que tener datos que no tengo. Pienso que las mujeres no rehacen una pareja por varios motivos que se juntan. Primero que se ven horribles, se sienten incapacitadas de enamorar, de dar placer, de ser atractivas. Te repito, la foto habitual no es la considerada más linda: una mujer con arrugas, con pelo blanco o qué sé yo. No es la imagen que la sociedad gusta reproducir. Esto es un gran debe de la sociedad: crear imágenes de la vejez que no sean la de la enfermedad, el deterioro, la necesidad de ayuda, la víctima. Entonces es difícil, porque hay que cambiar la cultura. Empezar por las novelas, que muestren otra imagen, pasando por el cine. En el cine hay más, por suerte. Pero todo el arte, toda la cultura, toda la forma de encarar un ser humano.

Yo no creo en el más allá, ni en ningún mundo después de la muerte. Entonces esta tajada de vida que me tocó vivir; y que vivo más que mi abuela, por ejemplo, que se murió a los 60 años; esa tajada de vida que me dan, quiero, debo vivirla entera. No desperdiciarla, no decir “bueno como estoy vieja ya no hago esto, ya no salgo de noche, ya no me gusta esto”, etcétera.Tener la sensación de que podés, de que todo te es posible dentro de los límites naturales. No tenés por qué autolimitarte. Está bien, no puedo correr un ómnibus, ya no lo hago. Pero puedo hacer tantas otras cosas que me gustan y que me dan mucho placer.

-Con respecto al trabajo actual de Cotidiano Mujer ¿cuáles creés que sean los desafíos principales para el futuro próximo?

Tenemos todo por delante, pero también tenemos mucho atrás. La transformación del mundo desde el lado que la quieras ver, es infinita. Nunca vas a decir “ahora los derechos humanos están cumplidos y me dedico a otra cosa”. Siempre vas a querer más, integrar a alguien más. Vas a querer más respeto, más derechos para más personas. Desde el punto de vista de los derechos sí se han conseguido muchísimas cosas, pero ¡nos restan tantas!

Es un trabajo que las mujeres lo estamos haciendo y lo hemos hecho desde hace unos 20 años. Ahora, también les correspondería a los varones encarar. Creo que tenemos que hacer una auto-inspección. Que los varones vean su conducta no individual sino colectiva. ¿Por qué tienen esos agravios tan grandes como los que vemos en el fútbol, en la prensa, en las redes sociales? Como lo que pasó en Santa Teresa con la publicación en whatsapp.

-¿De alguna manera viene a interpelar la idea de masculinidad?

Claramente. Nosotras tenemos cosas escritas sobre eso. ¿Por qué algunos hombres tienen esa sexualidad compulsiva? ¿Por qué violan, por ejemplo? Y no es porque sean enfermos mentales, ni sádicos. Es porque hay una incontinencia sexual en que está educado desde que nace “el varoncito”. ¿Por qué un hombre mira en la calle a una muchacha linda y no puede dejar de mirarla? Porque parece que fuera menos varón. Vas por la calle y es impresionante esa realidad. A nadie le gusta que te miren lascivamente y te digan cosas. Y de eso se trata, de respeto.

Las masculinidades es un tema poco atendido. Pero cada colectividad lo tiene que hacer por sí misma, no hay recetas. Nosotras trabajamos con muchos hombres, que son amigos y que piensan exactamente lo mismo que nosotras, pero son la minoría. Colectivamente no hay un trabajo en esto ¡al revés! Hay una defensa de la vulgaridad.

El feminismo no solo atiende las conductas hombre y mujer, también tenemos en cuenta la economía, el medio ambiente, la militancia contra la guerra, las armas, el narcotráfico. Es toda una visión del mundo diferente, que si querés arranca de ese cambio con las mujeres pero que abarca al mundo entero. Es imposible que seas feminista y racista a la vez, u homofóbica, o armamentista. No entra en el cambio cultural que nosotras queremos, sería un imposible.

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