Cambiar tamaño del texto:
A+ | Normal | A-
Los participantes del concurso nos cuentan sus nuevas historias.

Tanta vida

Dos ganadores chocan sus manos juagando
Fecha: 23/12/2013
Autor: INMAYORES

-Hola, ¿Lázaro? Te habla Sara del MIDES... por lo del concurso.

Preguntan desde INMAYORES quince minutos antes de que tocara el timbre de salida en la Escuela Nº 4 de la ciudad de Florida.

- Ajá...

- Queríamos contarte que tu cuento y foto fueron elegidos por el voto popular como el primer premio.

- ¿Y el viaje ese ya me lo gané?

A la respuesta afirmativa de Sara se escucha, desde este lado del teléfono, una ovación de minuto y medio de los compañeritos de cuarto año, que hace pensar a un Lázaro llevado en andas. Se convirtió en el héroe de cuarto al ganar un viaje para toda su clase a la Colonia de Vacaciones Raigón que tiene BPS en la localidad de San José.

Esta es solo una escena de las muchas emocionantes que se vivieron a lo largo del concurso de fotografía y relato “Nuevas historias”. Un concurso que buscó dar espacio a las capacidades creativas de niños, niñas, adolescentes y personas adultas mayores e indagar qué sucede cuando trabajan en equipo con un objetivo claro: pensar cómo viven hoy los viejos.

 

La consigna  

La consigna consistió en formar un dúo: una persona adulta mayor y un niño o joven de entre 6 a 15 años. Debían tomar una foto y elaborar un relato. Había un máximo de quinientas palabras para expresarse. En esas palabras -y en la fotografía- se buscaba que ofrecieran una reflexión sobre las distintas maneras de envejecer en el Uruguay de hoy. El texto era libre pudiendo ser ficción o no ficción, biografía, crónica, relato breve o lo que la imaginación dictara. 

Se presentaron más de docientos participantes de todo el país. Es de destacar que llegaron productos de los lugares menos poblados del territorio nacional y que elegir nueve de ellos no fue tarea sencilla para el jurado integrado por el escritor y maestro Sebastián Pedrozo y el fotógrafo Nicolás Garrido, como jurados externos. Por MIDES, integraron el jurado la fotorreportera Inés Filgueiras y la especialista en Letras, Lucía Germano. Por BPS participó la docente de literatura Silvia Quijano. Ellos debieron dedicarle muchas horas a deliberar. Y es que entre tantos trabajos originales elegir significó sopesar entre muchos factores. El jurado eligió nueve ganadores. Los tres mejores de las tres categorías. La categoría la decidía la edad del niño, siendo de 6 a 8 años la primera; de 9 a 11 la segunda; y de 12 a 15 la tercera. Además otorgó tres menciones, una por categoría.  

Una vez que el jurado eligió los nueve ganadores, se pasó a una etapa de votación por la web de INMAYORES donde cualquier persona con acceso a Internet podía ingresar, leer los relatos, ver las fotografías y votar por sus favoritos en cada categoría. Si bien todos se llevaban gran cantidad de premios, los tres primeros puestos ganaban el viaje para toda la clase y el mayor ganaba, por su parte, otro viaje con un acompañante, también a la colonia de vacaciones Raigón.

 

En boca de los ganadores

Sofía y María

Sofía de 15 años, coautora de “Las ruinas sobrenaturales”, se enteró del concurso vía sms. Le llamó la atención que la convocatoria reuniera sus dos aficiones: la escritura y la fotografía. Confiesa ser lectora de pequeña y los efectos se hacen notar en su relato, un cuento fantástico en el que las ruinas del Saladero de Dacá de su Mercedes natal le sirven de inspiración. La fotografía está a la par de la ficción y logra captar todo el encanto del relato. Al enterarse de que fue una de las ganadoras, cuenta “estaba en la casa de una amiga y no podía creerlo. Se me llenaron los ojos de lágrimas porque nunca pensé que iba a ganar, habiendo tantos talentos que participaron”. William, el padre de Sofía, mira a su hija con profundo orgullo mientras la sostiene de sus hombros y nos dice “para nosotros es una alegría familiar, porque somos gente de trabajo y nada se nos facilita, todo es difícil. Para nosotros que a ella se le abra esta puerta es muy importante. Quizá para otros no lo sea tanto, pero para nuestra familia, es muchísimo. Estamos más que agradecidos de que pongan confianza en la juventud también. Hoy que parece estar difícil la juventud, con estas cosas queda claro que no toda la juventud es difícil”.

Clara y María

Clara de 7 años es una niña muy despierta. Es de Belvedere, Montevideo. Está en segundo año y tiene una relación muy cercana con su abuela María, de 88 años, la única que tiene. A Clara le gustan las historias, por eso disfruta mucho de que le lean cuentos antes de dormir. Llegó a recibir el premio con algunas amigas, que le hacían de hinchada cuando recibía los premios. Está entusiasmada por aprender a usar la tablet.

Martín y René

René de 78 años, quien participó junto a su nieto, Martín, de 12, se enteró de la convocatoria en el hogar de larga estadía de Tarariras, donde trabaja. “Yo me enteré porque soy maestra y trabajo en el hogar y fui a una reunión de la REDAM y la referente nos contó. Como fui maestra y sigo pegada a las escuelas y mis nietos son muy especiales” relata con una amplia sonrisa y los ojos brillantes, “llevé la idea y lo hicimos juntos. Martín le contó a su maestra y las compañeras maestras nos invitaron a la escuela para que leamos el cuento en la clase”. “En la mañana y en la tarde”, agrega Martín que está en 6º año, a meses de entrar al liceo. Está feliz de haber ganado el primer premio de su categoría y con él un viaje para toda su clase. “Al ser el último año de escuela y como justo hicimos una excursión unos días antes, me dijo la abuela que la escriba, con un poco de fantasía y verdad y ahí lo fuimos escribiendo.” René por su parte relata “yo después que leí lo que él puso, escribí lo mio. Y como no manejaba la computadora, no contaba las palabras. Él hizo un trabajo largo y yo también y se lo dimos a leer a los demás miembros de la familia y ahí nos dicen que era largo, y sí, tuvimos que recortar mucho” recuerdan y se ríen. Hicieron un gran trabajo en dúo, donde además hubo participación del resto de la familia. “Así que hicimos un trabajo en equipo, nosotros dos protagonistas y todos los demás correctores”. Además de la excursión a Montevideo que cuenta Martín en el relato, tuvo su segundo viaje a Montevideo, esta vez en compañía de su abuela y su madre para recibir el primer premio del concurso. “Hoy los he hecho reír...” cuenta René, “yo soy de esas de antes, me opongo a la escalera mecánica. Me van a hacer tantos chistes cuando vuelva a casa” dice levantando las manos en un gesto entre divertido y no tanto.

Martín y Mirta

“Yo soy la loca de la fotografía” dice Mirta que además de esa afición también cursa un taller de literatura en la UNI 3 de Lagomar. No ha tenido oportunidad de tomar algún curso de fotografía porque cuestan muy caros, aunque le encantaría. Se define, con orgullo, una autodidacta. “Una compañera que sabe que a mí me gusta todo eso, me pasó la información. Yo me encargué de la foto y Joaquín escribió el texto”. Mirta y Joaquín son los responsables de “Viajar con el dedo”. Hasta que Joaquín tuvo 6 años vivían juntos. Es el nieto mayor de Mirta y son muy compinches. Hoy Martín tiene 11 y terminó mudándose a Montevideo con sus padres. Ahora debe viajar una corta distancia para visitar a su abuela. Tal como el cuento lo dice, les gusta mucho viajar. Martín sueña con viajar a Italia para rastrear su ascendencia y llevar a su abuela de camarada.

Lázaro y José

“Me gustó mucho lo que escribí” dice Lázaro con sonrisa pícara a sabiendas de que su relato fue una sensación que se llevó 1150 votos por parte del público. Es coautor de “Puentata” junto a su “tata” José, el célebre “puen-tata”. A Lázaro le encantan las historietas sobre todo si son de superhéroes y su favorito es Hulk. “¡Y justo me regalaron pila de historietas! Me las voy a leer todas”. Él y su abuelo son de Florida. Lázaro reflexiona y destaca de las personas adultas mayores el sentido del humor, el tomarse las cosas con mayor calma, tal como lo hace su abuelo José, quien le es muy cercano. José también viajó desde Florida, donde trabaja como apicultor, a recibir los tan merecidos premios. A pesar de ser usualmente reacio a este tipo de actividades, cuenta que se llevó una grata sorpresa con el concurso en sí y con la premiación “me pareció interesante desde todo punto de vista. Motivan a los niños y a las familias a participar. ¡A la clase, incluso!”. Y agrega pensativo “yo pensaba en lo simbólico del relato de mi nieto, porque ¿a qué abuelo no les gusta tratar de...? No digo eliminar, porque las espinas van a aparecer igual, pero evitar que los dañen demasiado. Si uno puede evitar que algunas espinas que van a encontrar a lo largo del camino los lastimen, ¿quién no querría eso?”. Ahora el desafío que tienen es aprender a usar la tablet -uno de los premios compartidos- y Lázaro está ansioso por enseñarle a su abuelo “es para él, yo ya tengo una y quiero enseñarle a usarla”. Y el abuelo retruca aceptando el desafío “me dijeron que se pueden leer hasta libros”. José es lector, aunque no tanto como le gustaría ya que el trabajo le demanda mucho tiempo. Parece que Lázaro recordará con mucha emoción el momento en que se enteró que ganó el viaje para él y su clase. “Todos gritando. ¡Una emoción, que faaa!”.

Alfonsina y Nelson

Nelson de 75 años escribía “algún verso de murga” cuando era joven, pero es jubilado de panadero. Ahora cada tanto escribe algo. Vive en Salto y su nieta también. Se inspiraron en hechos reales para el relato “El viejo de la calesita”. Alfonsina tiene 6 y es fanática de la calesita peregrina. La familia también colaboró al presentarse al concurso.

Maite y Carlos

“Vino Maite y me dice: te embromé abuelo, es para un concurso” y me sacó la foto. Cuenta Carlos, de 73 años, coautor de “El abuelo y sus verduras”. Maite, de 7, estaba vergonzosa y no quería dar mayores declaraciones. Solo se animó a hablar de Blanquito, el conejo que aparece en el relato y se come las verduras de Carlos. El abuelo nos cuenta que ella le dictaba la historia y él trataba de transcribir. Vinieron de Tacuarembó a recibir los premios y están felices de haber participado. La madre, orgullosa, nos cuenta que Maite pasa todo el día pegada a su abuelo, que siempre quiere ayudarlo en la quinta y que disfruta de sacar fotos a hurtadillas. Destaca del concurso la importancia de que incluya a las personas adultas mayores “se ve que de los adultos mayores no se habla mucho, están medio olvidados. Entonces también esto es lindo para mostrar que se pueden hacer cosas juntos y que está bueno”.

Katerine y Mari

Mari, de 65 años y Katerine, de 15 son amigas. Mari es además amiga de la abuela de Katerine y de ahí se conocen. Integra la REDAM y trabaja en recreación gerontológica. “Me parece espectacular todo esto que se hace. E incluir a los chiquilines es importantísimo, si no queda entre viejos no más”. Ella es adepta a varias artes: baila tango y hace teatro. Está siempre en actividad. Ahora, compartirá con Katerine la tablet. Su relato es “¡Oh, la tecnología!” y relata las peripecias de aggiornarse a las nuevas tecnologías.

Santiago y Carlos

Santiago tiene 11 años y es la primera vez que viaja a Montevideo. Ha viajado desde una zona rural próxima a Minas de Corrales para recibir los premios junto con su abuelo Carlos. Está un poco aturdido entre tanto bullicio. La ceremonia que los homenajea está en la etapa del brindis y hay muchos niños que corretean y se ríen a carcajada limpia en el piso 7 del MIDES. Al ser consultado, Santiago cuenta tranquilo que se enteró “por celular”. “Estaba allá con la vecina y me dio la propuesta para hacer. Y ahí él [el abuelo Carlos] llegó del campo y yo iba poniendo y él iba agregando. Y armamos el texto y después pasamos para las computadoras para corregir las faltas. Después pasamos con el celular y sacamos la foto en el carro”. El relato está inspirado en hechos reales, todos los sábados Carlos va al monte a traer leña y se lleva a sus nietos como ayudantes. Santiago ya sabe usar hacha, aunque no sea él quien corte la leña. A Santiago le gusta leer “los cuentos sobre la vida de antes” y ya había escrito varios cuentos antes de “El coche del abuelo”. Aunque dice, seguro de sí mismo, que quiere ser veterinario. “Me gusta la escritura, pero me gustan otras cosas también. Quiero hacer veterinaria”. Por su parte, Carlos de 65 años dice “yo soy el que maneja el coche. Y el coche lo tengo en la vuelta siempre. Traer leña. Cargar cosas para las casas. Antes hacía varios kilómetros hasta la carretera para ir hasta Rivera para tomar el ómnibus para Tacuarembó y traer comida para las casas. A veces lloviendo, a veces con frío, y el caballo me llevaba”. Ellos viven juntos, con los padres de Santiago y sus hermanos. En total Carlos tiene nueve nietos y siempre anda con los gurises. Disfrutó mucho de la ceremonia “lástima que tan lejos”. Pero “hoy mismo” quiere volver, dice abriendo bien los ojos y agrega “es que no estoy acostumbrado a esos aparatos, ¿cómo es qué le dicen?” habla de los ascensores. En cambio, una de sus nietas de unos 7 años que viajó también como acompañante está entusiasmada con el ascensor y quiere subir y bajar varias veces. Carlos reflexiona sobre todo lo vivido y dice “en mi época no había estas cosas. Y están bien que haya estas cosas”.

 

Ver la galería de fotos en facebook.

 

 

Inmayores agradece especialmente a las siguientes empresas e instituciones que apoyaron el concurso:

  • Fondo Concursable para la Cultura, Ministerio de Educación y Cultura
  • Archivo General de la Nación
  • INJU
  • Infantozzi materiales
  • Papagayo Azul - Portal Butiá
  • Criatura Editora
  • Ayuí discos
  • Televisión Nacional de Uruguay
  • TV Ciudad

 

 

Redes sociales de Inmayores Cuenta oficial del MIDES en Instragram Canal oficial del MIDES en Youtube Cuenta oficial del MIDES en LinkedIn Facebook oficial del Ministerio de Desarrollo Social Cuenta oficial del MIDES en Twitter