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Entrevista a Esperanza Martínez

Desparramar la vida

Desparramar la vida
Fecha: 12/06/2009
Autor: INMAYORES

Esperanza Martínez vive en una vieja casa del barrio Capurro. Es madre de 9 hijos y abuela de 17 nietos. En poco tiempo será bisabuela por primera vez.

Se recibió de maestra y ejerció durante 5 años. Luego hizo un largo paréntesis para dedicarse a la familia. "Yo quería tener muchos hijos, era una necesidad vital" comenta Esperanza. Esa necesidad tiene que ver con su historia de vida: "Yo tuve una infancia con mucha muerte alrededor. Para mí estar viva era como ganar la lotería y tenía que comunicarlo, desparramar mi vida", explica.

Cuando sus hijos crecieron y ganó un poco de independencia comenzó a estudiar psicología. En la época de la dictadura no pudo recibirse a pesar de que tenía aprobados todos los cursos y exámenes. De todos modos consiguió un empleo en la Asociación Cristiana de Jóvenes de la Teja, primero como idónea en psicología y luego de recibida como psicóloga.

Estuvo siempre vinculada a la Universidad de la República como egresada pero como docente recién a partir de 1995: "En ese momento me pareció que había una cantidad de cosas y experiencias que yo podía volcar" dice Esperanza. Así surge este programa en una escuela pública de Capurro. "Es una escuela que me resulta muy querida, es la escuela donde fueron mis hijos también mi marido y todos sus hermanos. Esa es la historia".

"El programa lo elaboré en base a un llamado que salió en la facultad - explica Esperanza. Quería hacer un proyecto descentralizado, a la escuela le interesó el proyecto y empezamos a trabajar ahí". El objetivo es investigar, diagnosticar y actuar a tiempo con niños y niñas en edad escolar que presenten dificultades de aprendizaje. "La idea era que el psicólogo tiene que estar allí donde están los problemas. El niño llega a la consulta como con 2 años de retraso desde que se empiezan a ver los síntomas; cuando llega el problema es más grande", aseguró.

Participan del programa pasantes egresados y pasantes estudiantes de 4º y 5º de Facultad de Psicología. "El que tiene ganas de trabajar y aprender va porque saben que en Capurro no se la pasan de arriba, van a trabajar y van a trabajar fuerte" afirma. Disfruta mucho de compartir espacios laborales con gente joven, dar apoyo y ver como van aprendiendo y afinando sus herramientas. "No serviría para dar una clase con 300 estudiantes, no me gusta. Me gusta el diálogo, que sean pocos y poder seguirlos de cerca, conocerlos, verlos trabajar" comenta.

Fue coordinadora del programa hasta que se jubiló hace unos meses. Ahora sigue colaborando como investigadora asociada en forma honoraria, con menos responsabilidades y carga horaria pero con el compromiso de siempre.

Esperanza es vicepresidenta de la Asociación Uruguaya de Psicoterapia Psicoanalítica (AUDEPP), espacio que valora mucho porque le ha permitido seguir formándose como profesional en conjunto con otros colegas.

Mucho para aportar

En cuanto a las relaciones intergeneracionales opina que las personas adultas mayores suelen ubicarse como "los que tienen el saber" y eso provoca distanciamiento. "El otro tiene sus ideas, tiene sus opciones. A veces creo que cuesta dejar ese lugar" opina Esperanza.

De sus nueve hijos hay cuatro que heredaron la vocación docente, dos profesores de matemática y dos de física. Además uno de sus hijos es herrero, otro fotógrafo, una hija es enfermera, otra es técnica en administración. "Yo disfruto con lo que hace cada uno de ellos porque la idea es que hagan lo que les gusta sea lo que sea y que lo hagan bien. No fuimos nunca de aconsejar mucho ni decir esto te conviene, esto no te conviene, esto no tiene futuro" explica Esperanza.

Con respecto a su futuro y a la realidad de las personas adultas mayores en Uruguay, dice: "Me parece que tiene mucho que ver la autoestima, cuando una persona siente que no tiene nada que pueda dar y ahí se va quedando... eso es bravísimo".

Esperanza piensa seguir colaborando en el proyecto de Capurro mientras pueda. Estudiar, aprender, disfrutar a sus hijos y nietos, y seguir desparramando la vida.

 

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